
De acuerdo con el marco de pensamiento de izquierdas en que después de mayo de 1968 todos los europeos y americanos hemos sido educados por los libros de texto, los tebeos y las películas, hay una serie de personajes que siempre, siempre, siempre son de derechas y, en consecuencia, malvados: un obispo, un general y un financiero.
Y si encima son ancianos, incorporan la condición de carcas a más no poder. El arquetipo: Montgomery Burns, el jefe de Homer Simpson y propietario de la central nuclear.
Algunas personas creen que La Sexta da información.
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Suscríbete ahoraLos poderes ocultos y las conspiraciones son un tópico habitual en los discursos y las campañas de la izquierda extrema, de los nacionalistas y de la ultraderecha. Por ejemplo, desde Podemos se descalifica a Ciudadanos como creación del Ibex, las principales empresas españolas… cuando ellos han contado con el altavoz de programas de televisión cuyas empresas matriz cotizan en bolsa.
Y los socialistas Salvador Allende, Hugo Chávez y Nicolás Maduro atribuían el desabastecimiento que sufrían sus países no a la incompetencia de sus gobiernos, sino a una consigna de acaparamiento de alimentos que cumplía la “oligarquía” local, llenando sus casas de conservas y rollos de papel higiénico.
Por eso, cuando el primer ministro húngaro Viktor Orban señaló al multimillonario George Soros, nacido húngaro, como impulsor de un ataque a Europa del que es muestra la avalancha de refugiados y de inmigrantes árabes y musulmanes que atraviesa Europa desde Turquía, cabría pensar que esa misma izquierda que corría a comprar los libros que recomendaba Chávez se lanzaría sobre esa acusación como sobre el consabido pastel abandonado a la puerta de un colegio.
Orban, sobre Soros: “Su nombre es quizás el más claro ejemplo de quienes apoyan cualquier cosa que debilita los Estados-nación europeos»
Sin embargo, las acusaciones de Orban, realizadas a finales de octubre en la radio pública húngara, y en seguida recogidas por medios de comunicación anglosajones o escritos en inglés, no han recibido ninguna atención ni por los conspiranoicos de la izquierda (los que reducen la crisis separatista en Cataluña a un juego entre Rajoy y Mas para que el pueblo se olvide los recortes), ni por las televisiones, los periódicos y las radios españoles, los mismos que recogieron la disculpa del ex primer ministro británico Tony Blair por la segunda guerra de Irak.
Orban, cuyo país se enfrenta desde finales de agosto a una avalancha de extraeuropeos que desea alcanzar Alemania y Escandinavia violando las fronteras nacionales y las leyes de la UE, dijo de Soros lo siguiente: “Su nombre es quizás el más claro ejemplo de quienes apoyan cualquier cosa que debilita los Estados-nación europeos, ellos apoyan todo lo que modifica el estilo de vida tradicional europeo”.
Y añadió: “¿Quién autorizó a los líderes europeos, o a algunos de ellos (en referencia a Angela Merkel), para aplicar esta política? Éste es un continente democrático”. Posteriormente, Orban añadió que una alianza de izquierdistas, especuladores y líderes no electos estaba tratando de hundir la Unión Europea al imponer determinadas conductas frente a la crisis de los inmigrantes.
Orban no hablaba a humo de pajas. En septiembre pasado, la fundación de Soros difundió un comunicado en el que exponía sus recomendaciones de lo que debía de hacer Europa. Una de sus propuestas era que el continente recibiese al menos a un millón de inmigrantes cada año y para pagar los gastos sugería la emisión de más deuda pública… deuda pública que negocian en los mercados Soros y sus amigos.
También proponía la formación de una Agencia Europea de Migraciones que eliminase las competencias de los Estados miembros. Y por último aseguraba que las ONG podían ofrecer sus técnicos y su experiencia para acomodar e integrar a los nuevos europeos (¿gratis?).
Tampoco se dice nada del papel que juega Turquía en esta crisis, pues las riadas de asiáticos que alcanzan los Balcanes salen de su territorio
La verdad, uno supondría que ante un multimillonario que trata de imponer a Gobiernos electos determinadas políticas y además propone seguir aumentando el endeudamiento estatal, la izquierda española saldría a rebato, como cada vez que habla José María Aznar. Pero no ha dicho ni una palabra. Como tampoco se dice nada del papel que juega Turquía en esta crisis, pues las riadas de asiáticos que alcanzan los Balcanes salen de su territorio.
Quizás -y por favor no se entienda que estoy cayendo en conspiranoias- ese silencio se deba a que Soros apoya causas ahora presentadas como progresistas o avanzadas. En El País, periódico donde a Soros se le han hecho varias entrevistas, el especulador ha firmado algunas tribunas como filántropo (sic). Claro que El País también cuenta entre sus colaboradores progresistas con el economista Paul Krugman, uno de los principales debeladores del euro (y que llegó a recomendar a España que siguiese la política económica de la Argentina de los Kirchner). El euro, ese enemigo del dólar de EEUU como moneda-refugio y como moneda de cambio mundial… Bah, casualidades.
Si un teniente general y JEMAD educado en las academias del Ejército de la Victoria y que juró lealtad a Franco puede ser candidato electoral de un partido de extrema izquierda, ¿por qué un especulador que construyó su fortuna arruinando divisas y causando pobreza no va ser un filántropo y un paladín de las causas progresistas?, ¿no montó Henry Ford la industria automovilística de la URSS?, ¿no iban los esbirros de la NKVD a buscar a sus víctimas en Ford-T fabricados con licencia?
Para mí, lo importante para orear la política occidental es lo que escribió con gracia hace unos meses el columnista Ignacio Ruiz Quintano en ABC, “Olvídense de la separación Iglesia-Estado. Necesitamos una separación Hollywood-Estado”.