
Por su interés reproducimos esta noticia de Religión en Libertad:
Es blanca e hija de padres blancos. Pero toda su vida ha dicho que era negra, porque así se siente. Cuando se descubrió la verdad, a finales de 2015, fue despedida y sometida a escarnio público en los platós de televisión, con argumentos de puro sentido común que, trasladados a un caso de transexualismo, las leyes de imposición de la ideología de género considerarían y sancionarían como «transfóbicos«. Anna Bono ha refrescado en La Nuova Bussola Quotidiana el escándalo causado en Estados Unidos al descubrirse que una mujer llamada Rachel Dolezal (ahora Nkechi Amare Diall, tras su cambio de nombre de octubre pasado, descubierto hace un par de semanas) no era la negra que decía ser:
Algunas personas creen que La Sexta da información.
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Suscríbete ahoraSi el género es una condición mental, una cuestión de identidad, ¿por qué no pueden serlo también la raza y el color de la piel? Rachel Dolezal nació en 1977 en Montana, en los Estados Unidos, hija de padres blancos. Pero dice que es negra, que se siente negra, que se identifica como negra. Hace años que lo dice; incluso ha declarado ser negra en distintos documentos oficiales. Haciéndose pasar por «afroamericana» ha dirigido la asociación nacional para la promoción de la gente de color de Spokane, la ciudad en la que vive, ha sido defensora civil para la policía, ha enseñado en la Eastern Washington University… hasta que en 2015 se descubrió que había mentido.
Rachel argumenta que «ser blanco no es una raza; es un estado mental»
Tuvo que presentar de inmediato su dimisión como presidenta de la asociación, fue despedida de la universidad, se le revocó el cargo de defensora civil y el periódico local para el que escribía suspendió su columna.
Acusada por los afroamericanos de haberse burlado de ellos de la peor manera posible, durante una transmisión televisiva Rachel replicó: «Ser blanco no es una raza; es un estado mental». La presentadora del programa, la actriz afroamericana Loni Love, perdió los estribos (ver abajo el vídeo, a partir del minuto 0:40): «No -le gritó-, yo soy negra, no puedo convertirme en ti, no puedo intercambiarme contigo. Esta es la diferencia».
Rachel Dolezal rebate cada día que nadie piensa en acusar a una persona de mentirosa si ésta se presenta como mujer a pesar de estar registrada en su partida de nacimiento como varón. La ideología de género, de la identidad sexual no binaria ya está ampliamente aceptada. Lo que vale para la identidad de género debe valer también para la raza: «Es lo mismo –dice–: fui registrada como blanca cuando nací, pero en realidad me siento negra. No he elegido sentirme negra, simplemente lo soy».
El lobby LGBT, dividido ante el caso
El colectivo LGBT está dividido sobre esta cuestión. Para algunos Rachel está equivocada y afirman que no es lo mismo. Otros, en cambio, están de acuerdo. Un grupo transgénero ha encargado camisetas con la palabra TransRachel y le han enviado una.
El año pasado Rogers Brubaker, profesor de sociología en la Universidad de California, ideó un paralelismo entre género e identidad de raza en un libro titulado Trans: gender and race in an age of unsettled identities [Trans: género y raza en una época de identidades inciertas]. Según el profesor Brubaker, Rachel tiene razón. Un tribunal del estado de Washington también le ha dado la razón en parte, si es verdad, como han escrito los medios de comunicación hace unos días, que en octubre le permitieron cambiarse el nombre. Ahora Rachel es Nkechi Amare Diallo.
Un nombre «africano»… ¡que también la delata como blanca!
Nkechi es un nombre Igbo, una etnia del sur de Nigeria; Diallo es un nombre Fulani, una etnia de África occidental; Amare es un nombre Amhara, una etnia de Etiopía, y además es masculino.
Tal vez Rachel no sepa tampoco que los Igbo y los Fulani están en guerra desde que existen ambas etnias
En África, además, no se eligen ni el linaje ni la tribu. Se pertenece a un linaje, el de la propia familia, y no es posible cambiarlo: es una pertenencia irrevocable. Por lo tanto, un africano no lleva nombres de etnias distintas a la suya y, mucho menos, los nombres de dos o más etnias: en otras palabras, un negro de verdad, es decir, de origen africano, no se puede llamar Nkechi Amare Diallo porque no puede ser al mismo tiempo, o en periodos distintos de su vida, Igbo, Fulani y Amhara.
Es muy probable que Rachel Dolezal no lo sepa y que haya elegido su nombre «africano» por su significado. Nkechi en Igbo quiere decir «don de Dios omnipotente», o «acepto cada nino que Dios me conceda». Amare quiere decir «bello». Diallo es el nombre de un joven emigrado de África occidental que murió a manos de la policía de Nueva York en circunstancias poco claras. Tal vez Rachel no sepa tampoco que los Igbo y los Fulani están en guerra desde que existen ambas etnias. Los Fulani son pastores nómadas e islámicos. Los Igbo cultivan la tierra, son sedentarios y la mayoría son cristianos. Los Fulani atacan a los Igbo para robarles ganado, cultivos y bienes y antes de abandonar la aldea con el botín la incendian y matan a sus habitantes. Los Igbo sufren todo esto, pero en cuanto pueden se vengan. O Rachel es consciente del conflicto y, precisamente por esto, ha querido «unir» simbólicamente las dos etnias.
El hecho es que basta su nombre para entender que es blanca: su inverosímil nombre africano demuestra que no ha nacido de una madre africana y que no ha sido un padre africano el que se lo ha puesto. Su percepción de sí misma, su condición mental no cambian la realidad. ¿Valdrá también esto para el género?