El lobby gay es uno de los que más influencia tiene en la agenda política y mediática. Su mensaje ha sido inoculado en casi todos los partidos y se ha traducido en una normativa completamente favorable a sus intereses. Algo parecido ha ocurrido también con los medios de comunicación.
Una parte de los informes que tratan sobre homosexualidad, homofobia o son favorables a la adopción por parte de este colectivo han encontrado su hueco en las mejores revistas científicas y gracias a ello en las portadas de la prensa de todo el mundo. Sin embargo, muchos de ellos habían manipulado los datos, algo que sólo se pudo demostrar varios meses después y cuando ya era demasiado tarde, pues millones de personas habían sido embaucadas con dichas tesis.
Algunas personas creen que La Sexta da información.
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Suscríbete ahoraEl más reciente fue el estudio que publicó la revista Science realizado por el profesor Donald Green y del doctorando Michael Lacour y que consistía en un experimento realizado en EEUU en el que analizaban el impacto que suponía en los votantes conservadores el hablar con activistas homosexuales.

El informe progay dio la vuelta al mundo
Los resultados no podían ser mejores para el lobby gay. Las conclusiones del estudio fueron que tras 20 minutos de conversación, los activistas gays conseguían que los conservadores cambiaran su opinión sobre el ‘matrimonio gay’. Además, se publicó precisamente cuando el Supremo deliberaba sobre las uniones homosexuales. Este informe dio la vuelta al mundo y la mayoría de medios se hizo eco de ello.
Fueron, sin embargo, muy pocos los que informaron de que este estudio había sido manipulado y que uno de sus autores, Donald Green, lo había retirado tras conocer que su compañero se había inventado las conclusiones falsificando los datos de manera deliberada.
El informe manipulado llegó a millones de hogares a pesar de que sus conclusiones eran completamente erróneas
El escándalo se destapó cuando tres investigadores se percataron de que los números del estudio no tenían sentido. Expertos de la Universidad de Berkeley, Yale y Stanford apreciaron que existía “una acumulación de muchas irregularidades” y que “los datos no se recogieron cómo se había descrito”.
Pero el mal ya estaba hecho. Lo que llegó a los hogares de millones de personas era lo que el investigador que manipuló los datos quería; que la causa gay tenía unos cimientos más firmes y que con un pequeño esfuerzo era fácil desmontar a los conservadores.
Una larga lista de artículos con datos falsificados
Este es sólo un ejemplo de cómo se puede tergiversar la realidad, pero hay muchos más. La web especializada UCCR ha recopilado algunos de los estudios manipulados que pretendían hacer creer lo que no era a fin de favorecer al colectivo gay.
De este modo, en 2012, la Universidad Estatal de Lousiana analizó los 59 estudios publicados por la American Psychological Association según los cuales no había ninguna diferencia al comparar los hijos parejas heterosexuales y homosexuales. En este caso se percataron de que había una gran “inconsistencia” en dichas investigaciones puesto que existían problemas en el muestreo, los datos eran contradictorios y a su vez había una escasez de ellos a largo plazo.

De hecho, buena parte de esos 59 informes fueron realizados por la investigadora Charlotte Patterson, lesbiana y pareja de una activista LGTB. Fue condenada por un tribunal de Florida precisamente por falsificar datos de un estudio. Se negó a entregar al juez las copias de los documentos que utilizó para realizar su investigación.
En 2008 un estudio de peer-review (revisión por pares), encargado de revisar otros informes, reveló que la mayor parte de la literatura científica que se posiciona a favor de ocultar la diferencia en los hijos criados por padres homosexuales y heterosexuales suprime o esconde los posibles resultados negativos.
Docenas de artículos científicos habían sido falsificados por razones políticas y por presiones
Otro ejemplo se produjo en 2001 cuando la Universidad del Sur de California publicó otro informe que afirmaba que docenas de estudios centrados en los ninos criados por padres homosexuales habían sido falsificados por razones políticas y para no ser tachados de homófobos por el lobby gay.
Los autores del texto, los profesores Judith Stacey y Timothy J. Biblarz, sugerían que muchos científicos temían destacar datos contrarios a los intereses del lobby homosexual por si sufrían represalias si dichas conclusiones eran utilizadas como argumentos por los grupos profamilia.
Nada de esto es nuevo. Ya en 1994 Journal of Divorce & Remarriage hizo un análisis de lo que se había publicado en la comunidad científica sobre la paternidad gay y sus efectos sobre los ninos. También aquí llegaron a la conclusión de que “todos los estudios analizados carecían de validez externa (representar a la poblacion en general en situaciones del mundo real)”.
Es decir, había un grave problema metodológico que distorsionaba la realidad pues en verdad existían diferencias significativas en los ninos educados por madres lesbianas y entre los criados por madres heterosexuales.