El camaleónico Justin Trudeau se estrella en la India

    El líder liberal de Canadá cosecha su primer gran fiasco a nivel internacional después de un viaje de siete días a la India con su familia.

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    El primer ministro canadiense, Justin Trudeau (d), posa junto a su esposa Sophie y sus hijos
    El primer ministro canadiense, Justin Trudeau, posa junto a su esposa Sophie y sus hijos / EFE

    El liberal Justin Trudeau es uno de los grandes líderes del progresismo mundial. Un primer ministro que se disfraza cuando la ocasión lo requiere, que pide perdón por los ‘pecados’ de otros años atrás y que, para resumirlo, utiliza ‘peoplekind’ (genticidad) en lugar de ‘mankind’ (humanidad) para ser más inclusivo.

    Esa política liberal -ha aprobado la eutanasia, y ahora quiere legalizar la marihuana– le ha convertido en un antiTrump, en el reflejo de esas buenas intenciones de la sociedad que nunca pelea sino que busca ofrecer diálogo porque todo se puede negociar. Otra cosa es que si eres provida -un opinión que no le gusta al señor Trudeau, no estás en consonancia con esa sociedad y te puedes quedar sin fondos públicos, pero de buen rollito-.

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    Pues bien, el camaleónico señor Trudeau ha utilizado estas técnicas que tan bien le han funcionado hasta ahora, sobre todo en Occidente, y ha querido transformarse en un indio durante los siete días que ha durado su visita.

    Como se aprecia en la imagen, para integrarse y mostrar respecto por la cultura local, el primer ministro canadiense y toda su familia se han vestido como si estuviesen en Bollywood -en palabras de medios indios- con lo que más que integrarse ha logrado llamar la atención.

    Resulta que en Canadá hay una fuerte comunidad sij de casi medio millón de personas, a la cual el señor Trudeau apoya fervientemente, y estos quieren separarse de India

    Por ahí han llegado las primeras criticas a su viaje, con la vestimenta y sus danzas, pues míster Trudeau no se pudo resistir a realizar una especie de baile tradicional indio ante el asombro de los presentes.

    Pero eso es lo de menos, pues a nadie sorprende ya que ante una buena foto el líder progresista se viste de lo que toque y adopte durante unos segundos la cultura local.

    Lo peor para él ha resultado el ser tan abierto en su propio país. Resulta que en Canadá hay una fuerte comunidad sij de casi medio millón de personas, a la cual el señor Trudeau apoya fervientemente. De hecho, ha tenido en su gobierno hasta cinco ministro sijs.

    Abrazar la causa de todos suele suponer molestar a alguien, una lección de el señor Trudeau acaba de aprender

    Y muchos sijs buscan crear la República de Jalistán en el Punjab, es decir, separarse de la India. Y el apoyo de Trudeau a ellos no ha sentado muy bien a la nación India, donde ha tenido que repetir en varias ocasiones que quiere un país unido.

    Es más, al recibimiento del primer canadiense a la India acudió el ministro de agricultura, no el primer ministro Narendra Modi, quien suele agasajar a los mandatarios de otros países nada más aterrizar, pero que con Trudeau cambió sus planes y le vio a tan solo unas horas de su vuelta a Canadá después de una visita de siete días.

    Y es que abrazar la causa de todos suele suponer molestar a alguien, una lección de el señor Trudeau acaba de aprender.

    Luego, para más inri, un fallo -o no- de protocolo provocó que en la lista de invitados a una recepción en la Embajada de Canadá estuviese Jaspal Atwal, un indo canadiense acusado de participar en un atentado en 1986 contra un político del Gobierno indio en Vancouver y de pertenecer a un grupo terrorista.

    Lo de que hiciese turismo con su familia, con la que visitó varios lugares históricos indios, como el Taj Mahal, mientras el primer ministro indio no le recibió y los empresarios canadienses no alcanzasen la cantidad de negocios que se esperaba para un viaje como este es ya peccata minuta.

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    Madrileño, de familia numerosa. Comenzó a estudiar Historia aunque pronto se cambió a Periodismo. Se licenció por la Universidad Complutense de Madrid y desde entonces no ha parado. Ha trabajado para las agencias de información Colpisa y Europa Press, para el departamento de comunicación de LaSexta y ha logrado saborear la experiencia de trabajar en papel gracias al periódico La Razón.