…Y a Vox lo que es de Vox

    Un partido ninguneado por el establishment, silenciado en las grandes televisiones, despreciado por Génova y que no está en el Parlamento ha conseguido que el juez meta en la cárcel a los golpistas. Y ¿qué ha hecho el PP por defender el Estado de derecho y la unidad de España?

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    Javier Ortega Smith, secretario general de VOX, comparece ante los medios.
    Javier Ortega Smith, secretario general de VOX, comparece ante los medios.

    La bendita división de poderes ha funcionado. Montesquieu 1, Golpistas O. La Justicia, despolitizada, libre de compromisos con el Ejecutivo, ateniéndose estrictamente a lo que marca la ley ha quitado a unos vulgares cacos el presuntuoso antifaz de “preso político” y les ha puesto en su sitio: la trena.  

    España siempre quedará agradecida a un servidor público como el juez del Supremo Pablo Llarena, que como dice Jorge Bustos podrá contar “en las cenas familiares que a principios de siglo una parte de España retrocedió al salvaje Oeste, y que todo aquello a él le pilló en la oficina del sheriff. «En aquel tiempo, queridos nietos, yo fui la ley. Y la ley se cumplió». Podrá decirlo, porque habrá dicho la verdad”.

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    Aunque no toda la verdad. Si queremos es dar a cada uno lo suyo, es de justicia subrayar el papel jugado por un partido político, el único que, fuera del arco parlamentario y sin apenas medios, ha tenido el coraje de denunciar a los golpistas y bregar, contra viento y marea, para que los delincuentes no se salgan con la suya.

    Ahora que los bardos periodísticos escriben romances al ‘sheriff’ Llarena, hay que recordar que fue el abogado Javier Ortega, otro llanero no menos solitario, el que inició el proceso con una denuncia de su partido, Vox, en el juzgado de instrucción número 13 de Barcelona.

    Personado como acusación popular en la causa contra los golpistas, Vox ha dejado en evidencia a quienes debían velar por el cumplimiento de la ley y la unidad de España, que juraron defender cuando tomaron posesión de su cargo (Rajoy y Soraya).

    Turull no es la II República en el exilio ni Puigdemont es De Gaulle llamando a la resistencia desde la BBC

    Y los ha puesto en evidencia centrando el balón: A ver si se enteran señores Rajoy y Saénz de Santamaría: verán, Turull, Forcadell o Romeva no son la II República en el exilio, ni Puigdemont detenido en Alemania es el general De Gaulle que llamaba a la resistencia desde los micrófonos de la BBC, no. Son una organización criminal, delictiva, con una hoja de ruta perfectamente trazada, que incluía desvío de fondos públicos de millones de euros. “Y lo normal -afirma Javier Ortega-, cuando funcionan las instituciones del Estado es que los golpistas estén en prisión».

    ¿Y qué han hecho por defender el Estado de derecho y la unidad de España, Rajoy y Soraya?

    Veamos: el primero tardó en activar el 155 y tuvo que intervenir el rey Felipe para se que decidiera a dar el paso; se dejó en el tintero a TV3 la misma que, tras el encarcelamiento de los golpistas, ha pedido que se incendie la calle; y no le ha hincado el diente a la educación…  

    Y Soraya no ha movido un dedo por evitar el riesgo de fuga de los encausados. ¿No dependía de la vicepresidenta el Centro Nacional de Inteligencia? ¿Entonces?

    Por no hablar del bochornoso papel del fiscal del Gobierno (¿o era del Estado?) instando a pedir la libertad provisional para el ex consejero Forn, en contra del criterio de los cuatro fiscales del Supremo…

    ¿Eso es defender el Estado de derecho?

    Que no les confundan los telediarios de Antena 3: poner a los delincuentes en su sitio no ha sido cosa del Gobierno, ni de Ciudadanos, ni siquiera de Tabarnia (sin quitar valor a la oportuna sátira de Boadella). Ha sido mérito de un juez y de un partido: Llarena y Vox.

    Sería bueno que ante las elecciones autonómicas y locales de 2019, el votante de la nariz tapada sopesara quién se merece más su confianza: el PP o Vox. Sobre todo ahora que la derecha ya no es lo que era.

    La triple marea que ha dejado seriamente tocado el bipartidismo (crisis económica, irrupción de los populismos y golpe de Estado catalán) está suponiendo un cambio de ciclo político en España. El PP y el PSOE ya no son el remake del duopolio de Cánovas y Sagasta, turnándose en el poder.

    Si el PP todavía no se ha desplomado electoralmente, pese a la traición a su DNI ideológico, es porque sigue arrastrando las cadenas el fantasma  de Podemos y porque el dinero es cobarde (y el PP lleva prendida en el pecho la medalla del Rescate).

    Pero el zombie morado cada vez infunde menos miedo y la economía puede salirse la rana al Gobierno si pierde la batalla de las pensiones. Hasta ahora, los jubilados era un granero de votos seguro del PP (un tercio de los electores son mayores de 65 años), pero de aquí a las comicios puede sufrir vías de agua por ese costado.

    Más que un partido de derecha el PP es un ectoplasma que se confunde con el paisaje socialdemócrata, como una sombra de relato de Henry James

    Quedan los valores, pero hace años que el PP los tiró por la borda y más que un partido de derecha es un ectoplasma que se confunde con el paisaje socialdemócrata, como una evanescente sombra de relato de Henry James.

    ¿Es la hora de Vox? Destacados líderes de opinión se han pronunciado a favor (Losantos, Ussía, Dragó)… Quizá sea el momento, al menos, para planteárselo.

    Un partido pequeño, ninguneado por los medios, postergado en las grandes cadenas de televisión, despreciado por Génova, pero el único que ha hecho algo por defender el Estado de Derecho ante la mayor amenaza que ha sufrido desde el 23-F. Y por izar la bandera arriada de la derecha.

    Porque si alguien sigue creyendo a estas alturas que el PP es la derecha, yo soy el obispo de Constantinopla.

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    Nacido en Zaragoza, lleva más de 30 años dándole a las teclas, y espera seguir así en esta vida y en la otra. Estudió Periodismo en la Universidad de Navarra y se doctoró cum laude por el CEU, ha participado en la fundación de periódicos (como El Mundo) y en la refundación de otros (como La Gaceta), ha dirigido el semanario Época y ha sido contertulio en Intereconomía TV, Telemadrid y 13 TV. Fue fundador y director de Actuall. Es coautor, junto con su mujer Teresa Díez, de los libros Pijama para dos y “Manzana para dos”, best-sellers sobre el matrimonio. Ha publicado libros sobre terrorismo, cine e historia.